Las lechugas:
Ya los griegos, romanos y persas se beneficiaban de sus propiedades.
Su alto porcentaje de agua, su agradable sabor, y su escaso aporte
calórico, la hacen casi indispensable en aquellas familias que
desean cuidar su salud.
Debes recordar que siempre, antes de consumirla, debes lavar bien sus hojas, una a una,
desechando las hojas de fuera.
Variedades:
Existen muchas variedades de lechuga; entre ellas:
-Romana: Presenta hojas exteriores de un verde más oscuro, y ligeramente rizadas, con un
repollito interior de hojas más claras. Su sabor es dulce y suave.
-Lollo Rosso: De origen italiano, y de tonos rojizos. Sus hojas se parecen a la escarola, con
un sabor ligeramente amargo, dan una bonita tonalidad a nuestras ensaladas.
-Iceberg: Lechuga que encontramos principalmente en invierno, por ser muy resistente al frío.
Es de hoja más dura que las demás y de menos valor culinario, pero siempre será una opción
cuando no encontremos de otras.
-Cogollos: Son pequeñas lechuguitas con repollo y ligeramente alargadas: Son famosos los
de Tudela.
-Hoja de roble: Es una lechuga compacta, con un bonito color rojizo y un sabor dulzón que
la hace muy deliciosa.
Propiedades:
Sus propiedades sedantes, hacen que, consumida durante la cena, conciliemos mejor el sueño.
Favorece la digestión y es muy refrescante.
Purifica la sangre.
Favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones.
Las lechugas destacan también por su aporte de hierro y potasio;
así como de magnesio y calcio, aunque en menor proporción.
El calcio presente en la lechuga no se asimila apenas si se compara
con los lácteos u otros alimentos. Algo similar ocurre con el hierro,
cuya absorción es mucho mayor cuando procede de alimentos de
origen animal.